La morosidad golpea a La Rioja: el ajuste de Milei tiene nombre y apellido en cada familia endeudada

Las cifras que maneja el Banco Rioja no dejan margen para la especulación: el endeudamiento de los ciudadanos riojanos creció hasta niveles que el propio vicepresidente de la entidad, Marcelo Becerra, calificó como “alarmantes”. El diagnóstico es claro y la causa también: la política económica del Gobierno nacional no está dando respuestas a las familias que llegan a fin de mes con más deudas que ingresos.

Un escenario de endeudamiento que escala

Becerra fue contundente al identificar los canales por los que los riojanos se endeudan: bancos, tarjetas de crédito, sindicatos y plataformas digitales como Mercado Pago y Ualá. Este último punto merece atención particular. Las billeteras virtuales operan, según el titular del banco provincial, fuera de cualquier control efectivo y aplican intereses que ninguna entidad regulada podría cobrar sin consecuencias. Eso no es competencia: es una trampa.

Frente a esa realidad, Becerra fue preciso respecto a las tasas del Banco Rioja: 66% anual para consumo a 36 meses, y entre 38,5% y 43,5% para el segmento comercial. Cifras altas, sin duda, pero que se encuadran dentro de un sistema regulado y transparente, muy lejos del 300% que circula en algunos segmentos del mercado informal.

Refinanciación como respuesta concreta

Ante el avance de la mora, la entidad no cruzó los brazos. Implementó un esquema de refinanciación de deudas de tarjetas de crédito que ya alcanzó a cerca de 2.000 personas en la provincia. Es una medida de alivio parcial, pero necesaria en un contexto donde el poder adquisitivo sigue deteriorado y el crédito hipotecario sigue siendo una promesa lejana: las altas tasas y las dificultades para recuperar capital hacen que ese mercado permanezca prácticamente cerrado para el riojano promedio.

El ajuste tiene costos, y La Rioja los está pagando

Lo que subyace en la declaración de Becerra es un señalamiento político de peso: el ajuste nacional tiene efectos concretos sobre la economía doméstica de los riojanos. Cuando las políticas macroeconómicas no contemplan el impacto real sobre provincias con estructuras económicas como la de La Rioja, son las familias las que absorben el golpe, endeudándose para sostener el consumo básico.

La morosidad no es un dato estadístico. Es el reflejo de miles de hogares que no llegan, que recurren a créditos exprés o billeteras digitales sin entender del todo los costos, y que terminan atrapados en una espiral de deuda. Ese es el problema que hoy pone sobre la mesa el Banco Rioja, y que el Gobierno nacional todavía no ha respondido con políticas concretas.