La industria textil riojana sangra: Chilcal paralizada y 780 empleos destruidos sin respuesta nacional
Hay una crisis que ya no admite eufemismos. La fábrica Chilcal, emblema de la industria textil riojana con más de cuatro décadas de historia en la capital y el interior de la provincia, lleva 21 días sin producir una sola prenda. No es un paro técnico, no es una pausa programada: es la parálisis total por ausencia de demanda, y es la primera vez que ocurre en toda su trayectoria.
Así lo advirtió Gustavo Castro, secretario general de la Federación Obrera Nacional de la Industria del Vestidor y Afines (FONIVA), con una frase que resume el estado de situación: “Buen día, no son buenos días”. Las medidas de emergencia disponibles ya se agotaron: se ejecutó el procedimiento preventivo de crisis, se aplicó el acuerdo 633, y aun así las máquinas siguen quietas. El lunes próximo el personal deberá reincorporarse tras el adelanto de vacaciones, y la pregunta que nadie quiere hacerse en voz alta es hacia dónde va a trabajar.
Un sector que se derrumba en silencio
La planta capitalina emplea formalmente a 120 personas, pero el impacto real alcanza a unas 250, incluyendo la rama de calzados con 50 operarios adicionales. El cuadro provincial es todavía más grave: en los últimos dos años cerraron ocho empresas de confección en La Rioja, con la destrucción de 780 puestos de trabajo calificado cuyos titulares, en su gran mayoría, no han podido reinsertarse.
Castro fue contundente respecto al horizonte: “Esto tiende a empeorar a medida que nos acercamos a fin de año. Por parte del gobierno nacional no se está tomando ninguna medida y pareciera que no les interesa.”
Importados, economía ilegal y una cancha sin reglas
El nudo del problema tiene nombre: competencia desigual. El jean fabricado en La Rioja no encuentra comprador porque la gente, con el poder adquisitivo devastado, elige lo más barato, sea extranjero o informal. Las prendas importadas ingresan sin abonar aranceles equiparables a los que enfrentan las fábricas locales, mientras estas últimas cargan con impuestos nacionales, provinciales y municipales los doce meses del año, produzcan o no.
En las licitaciones públicas, la lógica del precio más bajo termina premiando a quienes operan fuera de las reglas. El reclamo del gremio es claro: se necesita una decisión política que equilibre las condiciones de competencia, no más declaraciones.
El salario, otra batalla perdida
En el frente paritario, el último aumento acordado para los trabajadores textiles apenas superó el 2%. Castro cuestionó sin rodeos la lógica patronal: “Para ellos, que el trabajador crezca es generar inflación. No están viendo la otra parte, solo los números. Obvio que va a bajar la inflación si no hay consumo.”
La ecuación es simple y demoledora: sin salario no hay consumo, sin consumo no hay producción, sin producción no hay trabajo. Y sin trabajo, La Rioja pierde otro pedazo de su tejido industrial que tomó décadas construir.
