Milei y Sánchez, cara a cara en Madrid: un saludo frío que habla más que mil palabras
El encuentro que nadie esperaba que fuera cordial, no lo fue. Javier Milei y Pedro Sánchez se cruzaron este jueves en la XXX Cumbre Iberoamericana celebrada en Madrid, y el resultado fue exactamente lo que el clima entre ambos mandatarios anticipaba: un saludo breve, distante y estrictamente protocolar.
El momento se produjo durante la sesión plenaria, cuando el presidente del Gobierno español recibió a los jefes de delegación junto al rey Felipe VI y al secretario general iberoamericano, Andrés Allamand. Milei saludó con una sonrisa al monarca, pero con Sánchez el intercambio fue mínimo. Sin gestos de acercamiento, sin señales de distensión.
El antecedente es conocido y pesa. Apenas semanas atrás, en el Nueva Economía Fórum 2026 —también en Madrid—, Milei había calificado a Sánchez de dictador y delincuente, acusó a su gobierno de ser una administración de ladrones y afirmó que no iría a verlo durante su visita a España. La declaración generó rispidez diplomática entre Buenos Aires y Madrid, y este encuentro en la cumbre no hizo más que confirmar que esa tensión no se disipó.
Lo que también llamó la atención fue lo que Milei eligió no hacer. El Presidente argentino llegó a Madrid el miércoles, pero no estuvo en la ceremonia inaugural de la cumbre en el Teatro Real ni en la cena que los reyes ofrecieron en el Palacio Real. En cambio, se reunió con Santiago Abascal, líder de Vox, el partido de ultraderecha español con quien Milei mantiene afinidad ideológica declarada.
La elección de con quién reunirse y a qué actos asistir no es un detalle menor: es política exterior en acción. Milei construye sus alianzas internacionales con una lógica ideológica clara, y eso tiene consecuencias en la relación bilateral con España, uno de los socios históricos de Argentina.
La relación institucional entre ambos países se sostiene en el plano formal, pero el encuentro en Madrid dejó en evidencia que la diplomacia tiene límites cuando los protagonistas se han cruzado con esa dureza en público. Un saludo frío en una cumbre puede ser protocolo. Cuando viene precedido de insultos directos, es un termómetro.
