Hay una pregunta que nadie en el Gobierno nacional parece querer responder: ¿por qué La Rioja? ¿Por qué una provincia de 400.000 habitantes, sin puerto, sin bolsa de comercio, sin ningún poder real para desestabilizar nada, concita tanta atención punitiva de Milei y de Martín Menem? ¿Qué tiene Ricardo Quintela que irrita tanto a los que manejan la caja?
La respuesta más obvia es la más incómoda: que Quintela habla. Que no agacha la cabeza. Que dice en voz alta lo que otros gobernadores susurran en los pasillos. Y en un gobierno que confunde el silencio de los demás con consenso, eso se paga.
Se paga con 85.000 millones de pesos retenidos. El Decreto 219/2026 existe, está publicado en el Boletín Oficial, que es el lugar donde el Estado argentino guarda sus promesas para que nadie pueda decir que no las hizo. El documento habilita adelantos de coparticipación por hasta 400.000 millones de pesos para doce provincias, entre ellas La Rioja. Mendoza negoció y cobró. Catamarca negoció y cobró. La Rioja negoció, esperó, y cuando la espera se hizo insostenible, Quintela anunció el regreso de los Chachos. Los bonos provinciales. La cuasimoneda. La solución que la Nación obliga a usar cuando retiene lo que la ley manda dar.
Conviene detenerse en esa palabra: retiene. No es que los fondos no existen. Desde 1988, cuando se definió el actual régimen de coparticipación, La Rioja cedió un punto de coparticipación nacional. En compensación, la ley establece que debe recibir fondos especiales en cuotas mensuales. Sin embargo, desde la asunción de Milei, la provincia no recibió un solo peso por ese concepto. La ley es clara. El artículo 83 de la norma vigente lo dice sin ambigüedades. El Estado nacional lo ignoró con la misma tranquilidad con que uno ignora una factura que no quiere pagar. En otras palabras, los fondos pertenecen a La Rioja y Milei no los quiere entregar.
Según el secretario de la Gobernación riojana, el 98% de las transferencias extracoparticipables dejaron de enviarse desde que asumió el gobierno libertario, lo que representa una deuda histórica que supera los 265.000 millones de pesos. No es un número del peronismo. Es la suma de lo que el presupuesto ordena y el Ejecutivo retiene. Una diferencia que, en cualquier otro contexto, se llamaría incumplimiento. Aquí se llama ajuste, que es la misma cosa con mejor prensa.
Y después está el dato que lo explica todo sin necesidad de ideología: en el primer cuatrimestre de 2026, mientras la Nación redujo sus transferencias al conjunto provincial un 38,5%, La Rioja sufrió una caída del 71,8% respecto del mismo período del año anterior. Casi el doble del promedio nacional. Una provincia que tiene la mala costumbre de votar distinto y de decirlo en voz alta recibe, casualmente, casi el doble del castigo. Las coincidencias en la política argentina rara vez son casuales.
Caputo le dijo a Quintela que se dedicara a gobernar bien su provincia. Es un consejo generoso viniendo de quien administra la deuda más voluminosa de la historia argentina y que, con esa misma deuda de fondo, le explica al país cómo se hace la austeridad. Hay una audacia en eso que merece, al menos, reconocimiento estético.
Martín Menem, desde la Cámara de Diputados, completó el cuadro con su propia versión del desprecio: dijo que La Rioja no es pobre, que fue empobrecida por su dirigencia. Una frase que suena a diagnóstico pero funciona como coartada. Porque si la pobreza es culpa del gobernador y no de quien maneja la coparticipación, entonces nadie debe nada y todo está en orden. Es un razonamiento cómodo. Requiere, eso sí, no mirar los números. Y a Martincito le conviene que los riojanos sientan hambre y angustia, de eso de quiere alimentar para desmantelar el sistema del empleo público riojano.
La provincia confirmó que el objetivo del pedido era anticiparse a un contexto adverso y evitar tensiones financieras. El secretario Herrera lo dijo sin rodeos: “Podemos garantizar que podemos devolver el dinero. Estamos en una provincia ordenada”. Una provincia ordenada que mendiga su propio dinero. Eso es lo que el relato del ajuste necesita que no veamos: que el desorden no está en las provincias que reclaman, sino en el centro que retiene.
Los Chachos van a circular de nuevo. Y cuando circulen, habrá quien diga que La Rioja no puede con su propia economía. Nadie va a mencionar el decreto. Nadie va a mencionar los 265.000 millones. Nadie va a mencionar que la morbosidad con la que Milei y Menem tratan a los riojanos no es descuido ni incompetencia: es mensaje. Un mensaje para todos los que todavía se atrevan a hablar.
