Mientras el Gobierno nacional de Javier Milei y Manuel Adorni le exige un esfuerzo sobrehumano a las provincias y justifica el tremendo ahogo financiero bajo el verso de que “no hay plata”, las cartas se empiezan a dar vuelta. La reciente polémica en torno al patrimonio oculto del funcionario, quien omitió declarar medio millón de dólares argumentando que eran un “trofeo”, deja al descubierto una doble vara que indigna profundamente a los riojanos. Nos están tomando el pelo en la cara.

El contraste es total. Por un lado, una gestión centralista que asfixia a La Rioja pisándole los fondos coparticipables que por ley nos pertenecen, obligando a la administración del gobernador Ricardo Quintela a hacer malabares y redoblar esfuerzos para sostener los hospitales, las escuelas y los sueldos básicos. Se llenaron la boca gritando “¡con la tuya!” para recortar la inversión pública, pero la realidad muestra que se están financiando con la nuestra: con la plata del pueblo riojano, con los recursos federales y con el sudor de las provincias del interior que hoy sostienen al país mientras la Rosada las abandona.

El archivo no perdona

Lo más grave de la chantada es que el archivo no perdona y lo liquida al Vocero Adorni. En las últimas horas salieron a la luz videos de entrevistas viejas donde el propio Adorni, con total desparpajo, decía ante las cámaras que él no entendía nada del mundo cripto, que no sabía si el Bitcoin era una inversión y que le parecía una timba. Sin embargo, acorralado por la Justicia que le investiga el patrimonio, ahora tuvo que presentar una declaración rectificativa admitiendo que ganó 300.000 dólares invirtiendo en esa misma moneda entre 2013 y 2018. Se pisa solo. Es el rey de la contradicción y muestra la hilacha de un relato que se cae con una simple búsqueda en YouTube.

Las cifras de su “olvido”, con la ridiculez del tema pendrive, son demoledoras: su patrimonio familiar escaló un 1.000%, pasando de los 62.000 dólares originales a más de 708.000 dólares en los papeles actuales. Once veces más de lo que nos habían dicho que tenía. Lo que para los organismos de control figura como una simple “corrección administrativa”, para el ciudadano de a pie en el interior argentino es una tomada de pelo explícita. El escándalo ya es internacional y hasta el prestigioso diario Financial Times advirtió que esto demuele la credibilidad de un gobierno que prometió transparencia.

En este 2026, la realidad es ineludible. Mientras los recursos de La Rioja se licúan por el centralismo porteño y el esfuerzo local es el único motor que mantiene en pie a la provincia frente al abandono de la Nación, los funcionarios nacionales canuteaban divisas en el anonimato digital.

Nos piden ajustar el cinturón, pero los que tienen el micrófono en la mano caminan con los bolsillos llenos y nos mienten mirando a cámara. Escondían la de ellos en un pen drive mientras se quedaban con la nuestra. Se equivocan si piensan que en el interior nos vamos a callar. La paciencia se terminó y las pruebas están a la vista de todos.