“Lo voté cinco veces y hoy mi empresa está en estado terminal”: la cara oculta del modelo Milei que no aparece en los discursos
Un fabricante —cuya identidad no se revela en el testimonio— rompió el silencio y expuso con crudeza lo que muchos empresarios argentinos sienten pero callan: votó a Javier Milei convencido de que su gestión iba a favorecer a quienes producen, generan empleo y pagan impuestos. Hoy, asegura, su empresa está al borde del cierre.
El relato es contundente y no admite interpretaciones a medias. El empresario afirmó haber respaldado al actual presidente en cinco oportunidades electorales, motivado por la convicción de que alguien que crea puestos de trabajo y tributa al Estado representa un aporte genuino a la sociedad. Esa lógica lo llevó a creer en el proyecto libertario. La realidad, según su propio testimonio, fue otra.
Un deterioro que no da tregua
Desde que la actual administración nacional asumió el poder, el empresario describió un descenso sostenido de su actividad. Contracción del mercado interno, presión impositiva sin alivio, inflación que erosionó márgenes y obligaciones bancarias que hoy define como impagables. Un combo que, según sus palabras, lo llevó a una situación terminal.
Lo que resulta significativo del caso es la trayectoria: hasta 2023, el negocio se sostenía. Fue con el cambio de gestión nacional cuando el derrumbe se aceleró. No lo dice un crítico del gobierno, lo dice alguien que apostó por él con convicción.
El testimonio sin nombre que habla por muchos
La nota no identifica al fabricante, su rubro ni su localidad. Pero esa ausencia de datos no le resta peso al relato: lo amplifica. Porque lo que describe este hombre es la experiencia de un sector productivo que creyó en promesas de desregulación y baja de la carga del Estado, y que en cambio encontró un mercado encogido, crédito caro y deudas acumuladas.
En La Rioja, donde la actividad privada ya arrastra históricamente condiciones estructurales difíciles, testimonios como este interpelan de lleno. La política económica nacional no es un debate abstracto: impacta en los talleres, en los pequeños fabricantes, en los comercios que sostienen familias.
El modelo tiene un relato. Este fabricante tiene una factura. Y entre ambos, hay una distancia que ningún discurso puede cubrir.
