El riesgo país toca los 710 puntos: la señal más dura de que el plan económico no rinde
El índice soberano alcanzó este martes su nivel más alto desde las elecciones legislativas de 2025. La combinación de presión externa e incertidumbre política interna golpea de lleno a los bonos argentinos y encendió las alarmas en los mercados financieros.
Un dato que no puede ignorarse
El riesgo país abrió este martes en 710 puntos básicos, 35 puntos por encima del cierre del lunes. El número no es menor: es el valor más elevado que registra el índice desde las elecciones legislativas de octubre de 2025, cuando tocó un pico de 1.081 puntos el viernes previo al comicio y cayó a 652 tras la victoria del oficialismo.
Hoy, ese alivio postelectoral quedó muy atrás.
Qué explica la suba
El salto del riesgo país responde a dos factores que se potencian entre sí.
Por el lado externo, el precio del petróleo trepó a US$111 el barril. Ese encarecimiento empuja la inflación global y abre la puerta a una nueva suba de tasas por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos. El bono del Tesoro norteamericano a diez años ya rinde 5,15%, lo que vuelve menos atractivos los activos de los países emergentes.
Los mercados reaccionaron en consecuencia: se desprendieron de bonos de economías como la argentina, cuya cotización cayó y amplió la brecha respecto al bono de referencia estadounidense. Ahí está la mecánica del salto.
Por el lado interno, el diagnóstico es más político: el plan económico del gobierno nacional no está mostrando los resultados esperados por los inversores. Esa falta de señales concretas alimenta la desconfianza y hace más vulnerable a la Argentina frente a cualquier turbulencia internacional.
Lo que está en juego para La Rioja
Para una provincia como La Rioja, que depende en buena medida de la coparticipación federal y de la capacidad del Estado nacional de financiar obra pública e inversión, el deterioro del riesgo país no es un indicador abstracto. Un Estado nacional con mayor costo de endeudamiento tiene menos margen para transferir recursos a las provincias y para sostener programas que impactan directamente en el interior del país.
La señal de los mercados es clara: la economía argentina vuelve a estar bajo presión, y el impacto de esa presión no se queda en Buenos Aires.
