En los últimos cuatro meses, el gobierno nacional recortó 78.768 millones de pesos en educación, suprimió el Fondo de Compensación Salarial Docente, dejó sin clases a 8,5 millones de chicos por paros nacionales, y mientras tanto se aumentó hasta 123% el sueldo a los ministros. Hay un solo docente al que parece haberle ido bien en esta historia. Y, casualmente, es diputado de Milei.
Hay una guerra que no sale en los noticieros del prime time. No tiene misiles ni portaaviones ni corresponsales con casco. Tiene tizas, pupitres y maestras que no llegan a fin de mes. Javier Milei la viene librando desde el primer día de su gobierno, pero en los últimos cuatro meses la aceleró con una saña que merece ser registrada con fecha y hora. Lo que sigue no es una opinión: es la cronología de lo que hizo este gobierno con la educación pública entre febrero y mayo de 2026.
FEBRERO: EMPIEZAN LAS CLASES SIN PARITARIA
El 2 de marzo, el ciclo lectivo 2026 arrancó con un paro nacional docente convocado por CTERA, UDA, CEA, SADOP y AMET en reclamo por la reapertura de la paritaria nacional, la restitución del FONID y un nuevo aumento del presupuesto. La medida impactó a 8,5 millones de estudiantes en 15 provincias. Ocho millones y medio de chicos sin clases en el primer día. No por capricho gremial: porque el salario docente estaba en su nivel más bajo en 20 años y el gobierno se negaba a sentarse a discutir.
La paritaria nacional, ese mecanismo que durante dos décadas garantizó al menos un piso salarial común para los maestros del país, sigue desactivada por decisión política del Ejecutivo. Sin paritaria nacional, cada provincia negocia sola, en una carrera hacia el fondo donde el que pierde siempre es el de adelante: el maestro de aula.
MARZO Y ABRIL: EL TECHO DEL 1,5% Y EL PISO DEL 123%
El 30 de marzo, el gobierno publicó el Decreto 206/2026, que homologó aumentos decrecientes para los estatales: 2,50% en enero, 2,20% en febrero, 2% en marzo, 1,70% en abril y 1,50% en mayo. Eso es lo que les ofreció a los trabajadores del Estado, incluidos los maestros: un techo cada vez más bajo, calculado para que pierdan contra la inflación todos los meses.
Y mientras tanto, en abril se conoció que Milei había firmado un decreto que aumentó hasta un 123% el salario de sus ministros y secretarios entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, con sumas acumulativas. Para los maestros, 1,5%. Para los ministros, 123%. La misma calculadora, las mismas firmas al pie. No es metáfora ni indignación retórica: es una decisión política de manual, publicada en el Boletín Oficial, sin pudor.
EL DOCENTE QUE SÍ PROSPERÓ: EL CASO SANTURIO
Hay un dato que merece detenerse, porque resume todo este modelo en una sola biografía. Santiago Santurio, diputado nacional de La Libertad Avanza por la Provincia de Buenos Aires, antes de asumir su banca en diciembre de 2023 trabajaba como profesor de Filosofía en la Universidad Austral y daba clases de Catequesis en el colegio Santo Tomás de Aquino, ligado a la Universidad Católica Argentina. Para complementar sus ingresos como docente, manejaba un Uber.
Manejaba Uber para llegar a fin de mes. Como tantos miles de maestros y profesores argentinos hoy.
Lo que pasó después con Santurio no es lo que pasó con el resto. En julio de 2025, el Banco Nación —que depende del ministro de Economía Luis Caputo, tío segundo del diputado— le otorgó un crédito hipotecario por 239.000 dólares para comprarse una casa de 300.000 dólares. La diputada Marcela Pagano, exintegrante de La Libertad Avanza, presentó una denuncia penal sosteniendo que ese préstamo disparó la deuda bancaria de Santurio de unos 6,7 millones de pesos a más de 303 millones en apenas un mes. Santurio se sumó así a una lista de dirigentes leales a Milei que recibieron créditos millonarios del Banco Nación de forma privilegiada, encabezada por los funcionarios de Economía Felipe Núñez y Federico Furiase, que obtuvieron más de 800 millones de pesos.
La moraleja es transparente. En este modelo, un docente puede prosperar. Hay un solo requisito: dejar de dar clases, conseguir una banca con La Libertad Avanza y pedir un crédito al banco que maneja el tío. El resto de los docentes —el millón y medio de docentes argentinos que siguen frente al aula— pueden seguir manejando Uber.
12 DE MAYO: EL DÍA QUE QUEDARÁ PARA LA HISTORIA
El 12 de mayo se hizo la cuarta Marcha Federal Universitaria. La movilización reunió en Plaza de Mayo a 1,5 millones de personas según los organizadores, con réplicas en todo el país. Estudiantes, docentes, rectores, no docentes, científicos.
Pero el dato que merece grabarse a fuego no es la marcha. Es lo que hizo el gobierno ese mismo día. Horas antes de la movilización, Milei oficializó la Decisión Administrativa 20/2026, que recortó 78.768 millones de pesos en programas de la Secretaría de Educación. El día de la marcha. Mientras un millón y medio de personas se manifestaban en defensa de la educación pública, el gobierno firmaba el recorte más grande del año contra la educación pública.
El Plan Nacional de Alfabetización perdió 35.288 millones, con impacto directo en las transferencias a las provincias para enseñar a leer y escribir. El Fondo de Compensación Salarial Docente, que equiparaba los salarios mínimos de docentes provinciales, fue suprimido: 8.929 millones menos. Las partidas para infraestructura escolar perdieron 21.686 millones. Las becas estudiantiles perdieron 559 millones. Y se eliminaron transferencias por más de 5.300 millones destinadas a obras en 13 universidades nacionales, entre ellas la Universidad Nacional de La Plata, que sola perdió 1.043 millones.
Todo el mismo día. Todo en una sola firma. Todo mientras la calle decía basta.
LO QUE PASA EN LAS UNIVERSIDADES MIENTRAS LEÉS ESTO
Entre noviembre de 2023 y enero de 2026, el salario real de los trabajadores universitarios cayó 34,2%. Un profesor universitario con dedicación simple y 10 años de antigüedad cobró en enero de 2026 un sueldo bruto de 305.604 pesos. Lo leyó bien: trescientos cinco mil pesos brutos para un docente con una década de antigüedad. Por debajo de la línea de pobreza para una familia tipo.
Las becas estudiantiles cayeron un 76% entre 2023 y 2026: las del Plan Belgrano, diseñadas para carreras estratégicas, son hoy de 80.000 pesos; las del Progresar, de 35.000. Treinta y cinco mil pesos para sostener una carrera. Cualquier hijo de cualquier riojano que estudie en Buenos Aires sabe lo que cuesta un mes de alquiler en cualquier pensión. Treinta y cinco mil pesos no alcanzan para tres días.
Y la Ley de Financiamiento Universitario, esa que el Congreso aprobó dos veces y que Milei vetó otras dos, sigue en limbo. El 7 de mayo, la Justicia suspendió su aplicación y habilitó al gobierno a recurrir a la Corte Suprema. Es decir: el Congreso la votó, la insistió con dos tercios, la Justicia ordenó cumplirla, y ahora el gobierno encontró otra puerta judicial para seguir sin cumplirla.
LO QUE HACE LA RIOJA MIENTRAS TANTO
Frente a este panorama, Ricardo Quintela tomó decisiones que van en dirección exactamente contraria. Cuando Milei eliminó el incentivo docente nacional, La Rioja creó el suyo propio: el Incentivo Provincial para la Enseñanza, de 100.000 pesos por cargo para docentes frente al aula. Cuando la pauta nacional fue del 1% mensual, La Rioja cerró paritarias muy por encima, declarando explícitamente en los comunicados oficiales que se apartaba del techo que Nación pretendía imponer.
Esto no es para ponerle medalla a nadie. La Rioja tiene problemas estructurales propios: es la segunda provincia del país con más empleados públicos por habitante, 114 cada 1.000, contra los 60 de Santiago del Estero. Cualquier aumento aquí cuesta tres veces más en términos relativos. Y aun así, la decisión política fue clara: el ajuste no recae sobre los maestros.
Hace falta decir algo más, porque los números a veces tapan lo evidente. Lo que está haciendo el gobierno nacional con la educación pública argentina no es un programa económico. Es una elección moral. Se eligió empobrecer a un millón y medio de docentes mientras se le otorgaba un crédito de 239.000 dólares a uno solo —el que cambió el guardapolvo por la banca libertaria. Se eligió recortar becas a estudiantes de carreras estratégicas mientras se firmaban aumentos del 123% para ministros. Se eligió firmar el recorte el mismo día de la marcha, como un gesto deliberado de desprecio.
Una sociedad que mira eso y no se inmuta ya perdió algo más que un piso presupuestario. Perdió la idea misma de para qué sirve un Estado. Y eso no se recupera con motosierras. Se recupera, si acaso, con paciencia, con organización, y con la memoria intacta de quiénes firmaron qué, qué día, mientras un millón y medio de personas caminaban hacia Plaza de Mayo.
