Minería en Los Llanos: el modelo de bajo impacto que impulsa empleo y abre debate sobre desarrollo productivo

La actividad minera no metalífera en el interior riojano vuelve a posicionarse en la agenda productiva provincial. En el departamento Juan Facundo Quiroga, las canteras Elvira y Rafaela, impulsadas por la ingeniera **Carolina Peñaloza**, se consolidan como un caso testigo de un modelo que combina generación de empleo local, producción para el mercado nacional y cumplimiento de estándares ambientales.

El emprendimiento, ubicado en la estancia Los Coloraditos, registra actualmente una producción de aproximadamente cuatro camiones diarios de yeso, cada uno con 30 toneladas, destinados principalmente a Córdoba y San Juan. Este nivel de actividad, aunque acotado, resulta significativo en una región como Los Llanos, donde las oportunidades laborales son limitadas y dependen en gran medida de iniciativas privadas o asistencia estatal.

Impacto económico y arraigo local

Uno de los puntos centrales del proyecto es su incidencia en el empleo. La explotación genera trabajo directo para operarios de localidades cercanas como San Ramón y Portezuelo, además de personal técnico radicado en la provincia. Todos se desempeñan bajo convenio minero, lo que introduce formalización laboral en una zona históricamente relegada.

A esto se suma un efecto indirecto en la economía regional: el consumo cotidiano de los trabajadores dinamiza pequeños comercios y servicios locales, consolidando un circuito económico que trasciende la actividad extractiva.

Sin embargo, el alcance del proyecto también abre interrogantes sobre la escala del desarrollo. Si bien se trata de una iniciativa privada familiar, su crecimiento y sostenibilidad dependen en gran medida del contexto económico nacional, que ya impactó en la desaceleración de la demanda tras el auge de la construcción hasta 2023.

El eje ambiental y la “licencia social”

Otro de los aspectos clave es el cumplimiento de normas ambientales. Ambas canteras cuentan con estudios de impacto ambiental aprobados por la provincia, lo que refuerza el discurso oficial sobre una minería “controlada” y de bajo impacto.

Según la responsable del proyecto, la actividad no utiliza agua en el proceso productivo y aplica sistemas de contención para residuos derivados de combustibles. Además, se prevén tareas de remediación al finalizar la explotación y se respetan especies protegidas en la zona.

Este enfoque busca diferenciarse de otros debates mineros más conflictivos en Argentina, donde la “licencia social” suele ser un punto crítico. En La Rioja, el desarrollo de minería no metalífera aparece como una alternativa intermedia que intenta equilibrar producción y cuidado ambiental.

Proyección política y productiva

El caso de Los Llanos se inserta en una discusión más amplia sobre la diversificación de la matriz productiva riojana. La presencia de recursos como yeso, laja y arcilla en la región refuerza la idea de un potencial aún subexplotado.

En ese marco, el crecimiento de este tipo de emprendimientos podría convertirse en un eje de política pública, especialmente en zonas donde la actividad agrícola es limitada por las condiciones climáticas.

No obstante, el desafío radica en escalar estos modelos sin perder control ambiental ni generar conflictos sociales. La experiencia de las canteras Elvira y Rafaela funciona, por ahora, como un ejemplo de equilibrio posible, aunque todavía acotado en impacto estructural.