Milei en la ONU: un diagnóstico sin filtros sobre el fracaso del multilateralismo
Por tercer año consecutivo, el presidente Javier Milei usó el escenario de la Asamblea General de Naciones Unidas para decir lo que pocos jefes de Estado se animan a plantear con tanta crudeza: que la ONU perdió autoridad, que su palabra no tiene consecuencias y que Argentina no va a seguir esperando que el organismo cumpla con su propio mandato.
Un discurso sin concesiones
Ante los representantes de los 193 países miembros, Milei fue directo: calificó al organismo de “inútil” y sostuvo que “solo sirve para alimentar a una casta de parásitos, disfrazados de burócratas bien intencionados”. Las palabras generaron incomodidad en la sala, pero reflejan una postura que el gobierno libertario viene construyendo desde su primer día en la Asamblea General, en septiembre de 2024.
El eje del cuestionamiento es claro: una institución que se propone defender la soberanía territorial y los derechos humanos, pero que avala dictaduras, guarda silencio ante genocidios y vota sistemáticamente contra Israel, es una institución que traicionó sus propios principios fundacionales. Para Milei, esa contradicción no es un error puntual sino una enfermedad estructural.
Malvinas, el punto que incomoda a todos
El reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur volvió a ocupar un lugar central. El Presidente lo encuadró no solo como una causa nacional, sino como evidencia concreta del doble estándar del organismo: la ONU tiene resoluciones que respaldan el diálogo entre Argentina y el Reino Unido, pero carece de mecanismos para que esas resoluciones tengan peso real.
“No faltan palabras ni resoluciones, lo que falta es que tengan consecuencias”, dijo Milei, apuntando al corazón del problema. Y fue más lejos: le exigió a Londres que explique cómo aplica el principio de libre determinación de manera selectiva, cuando el tema involucra a su propio territorio.
La advertencia de fondo
El cierre del discurso fue una declaración de autonomía estratégica: Argentina no va a sentarse a esperar. Es una postura que Milei viene consolidando desde su primer discurso ante la ONU, cuando anunció que el país abandonaría la neutralidad histórica para ponerse a la vanguardia de la defensa de la libertad. Un año después cuestionó la Agenda 2030 y elogió a Donald Trump. Ahora, en su tercera presentación, el mensaje es aún más contundente.
Para los riojanos, este debate no es ajeno. La Argentina que Milei lleva al mundo es la misma que define las reglas de juego para las provincias: el modelo de Estado, el esquema de financiamiento, las relaciones exteriores que condicionan inversiones y acuerdos. Lo que se dice en Nueva York tiene consecuencias concretas en La Rioja.
