El ajuste de Milei destruye casi 23 empleos científicos por día: una decisión política que hipoteca el futuro del país

Los números ya no admiten eufemismos. El desmantelamiento del sistema científico y tecnológico argentino avanza a un ritmo que triplica el promedio registrado desde diciembre de 2023. Datos concretos, organismos vaciados y carreras truncas son la consecuencia directa de una política que el Gobierno nacional aplica con convicción ideológica, no por necesidad fiscal.

Un informe del grupo Economía Política Ciencia del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (CIICTI) reveló que durante el tercer trimestre del año la destrucción de empleo en el sector científico alcanzó 22,8 puestos de trabajo por día. El promedio desde el inicio de la gestión se ubica en 8,5 empleos perdidos diariamente; la aceleración es tan contundente como preocupante.

Los organismos más afectados

El CONICET acumula la pérdida de 722 investigadores de carrera y personal de apoyo desde diciembre de 2023. Además, recortó 2.418 becas, lo que golpea directamente la formación científica de las próximas generaciones. El INTA perdió casi 1.000 trabajadores en el último trimestre; su reducción de personal desde que asumió Milei alcanza el 27,3 por ciento. FADEA, la empresa pública aeronáutica, también registró recortes significativos de personal.

Desde el propio CONICET, el titular del organismo, Daniel Salamone, intentó minimizar la crisis. Sostuvo que “aproximadamente hay cien miembros que dejan Conicet por año” y que eso “no lo tenemos registrado como una fuga masiva”. Sus declaraciones generaron repudio inmediato entre los trabajadores del sector, nucleados en ATE CONICET, que respondieron con datos: la planta del organismo se redujo casi un diez por ciento desde la asunción, se expulsó a 400 becarios posdoctorales y el presupuesto del sistema científico cayó cerca del 50 por ciento entre 2023 y 2026. La reducción salarial real ronda el mismo porcentaje.

Una decisión política, no presupuestaria

Trabajadores de CONICET, INTA, INTI, CNEA, el Servicio Meteorológico Nacional y las universidades nacionales fueron categóricos al respecto: el vaciamiento del sistema científico no responde a las restricciones del déficit cero, sino a una decisión política y cultural deliberada. Sostuvieron que “nunca un país que hizo un esfuerzo sostenido durante más de 200 años para generar capacidades científicas y tecnológicas las destruyó en tan corto tiempo”.

El caso de Facundo Chrestia grafica en primera persona lo que los números no alcanzan a transmitir. Este investigador fue uno de los 400 becarios posdoctorales despedidos por el CONICET, mientras su trabajo sobre los efectos del cannabidiol en enfermedades neurodegenerativas era publicado en la revista científica PNAS junto a colegas de la Universidad de Oxford. “Me quedé sin la beca y no puedo dedicarme todo el tiempo a la investigación porque tengo que hacer otras cosas para subsistir”, declaró.

El impacto en La Rioja y en el interior del país no es ajeno a este proceso. Organismos como el INTA y el CONICET tienen presencia activa en la provincia, sostienen investigaciones vinculadas al sector agropecuario y forman investigadores que difícilmente serán reemplazados si el éxodo y los recortes continúan a este ritmo.

Destruir la inteligencia colectiva de un país no es ajuste. Es otra cosa.