El trabajo en plataformas digitales creció un 30% y ya no es solo un “extra”: para miles de argentinos es el único ingreso posible

El avance del empleo por aplicaciones no es una señal de modernización laboral. Es el termómetro más crudo de una economía que expulsa trabajadores del mercado formal y los empuja a la informalidad como única salida.

Los números son contundentes. Según datos del INDEC, la cantidad de personas que trabajan en aplicaciones de transporte y delivery creció entre un 25% y un 30% en el último año. DiDi registra un conductor nuevo cada dos minutos. Rappi incorpora alrededor de 500 repartidores por día. No son cifras de un sector en auge: son el reflejo de un mercado laboral en retirada.

Un contexto que no admite eufemismos

La expansión de estas plataformas ocurre en simultáneo con una desocupación que trepó al 7,9% en el segundo trimestre de 2026 y una informalidad que alcanza al 45% de los trabajadores argentinos. A eso se suma una caída de la actividad económica del 2,9% mensual en julio, según el Estimador Mensual de Actividad Económica. El cuadro es claro: menos empleo registrado, menos consumo, más gente buscando sobrevivir con lo que encuentra.

La ilusión de la “flexibilidad”

Detrás del discurso sobre la libertad del trabajo independiente, los datos cuentan otra historia. En Rappi, el 70% de los repartidores se conecta menos de diez horas por semana y percibe en promedio $188.788 mensuales. En el otro extremo, un conductor de Cabify que trabaja 60 horas semanales puede llegar a los $800.000. La diferencia no es de esfuerzo: es de necesidad y de acceso.

PedidosYa muestra un patrón similar: la mayoría de sus repartidores trabaja un promedio de tres horas diarias. Son personas que usan la plataforma para complementar ingresos que ya no alcanzan, no para construir una carrera.

Jóvenes sin trabajo formal y adultos mayores que no pueden jubilarse

El perfil de quienes recurren a estas aplicaciones también es elocuente. En Rappi, el 66% tiene entre 18 y 33 años, una franja que debería estar ingresando al mercado formal con derechos laborales plenos. En Cabify y DiDi, en cambio, predominan adultos de más de 40 años, e incluso mayores de 60, que no encuentran otra alternativa para sostener su economía doméstica.

Lo que los números confirman es que el crecimiento de las aplicaciones no habla de emprendedurismo ni de nuevas formas de trabajar. Habla de personas que necesitan ingresos y no los encuentran en el empleo formal. En La Rioja, como en el resto del país, esa realidad golpea a familias concretas que ven cómo cada mes es más difícil llegar a fin de mes.