El asado ya no es lo que era: por qué cada vez menos riojanos pueden poner vacuno en la mesa
El consumo de carne vacuna en Argentina cayó a la mitad en seis décadas. Lo que antes era una costumbre casi diaria hoy se convirtió en un privilegio que el bolsillo no siempre permite. Y La Rioja no es ajena a esa realidad.
El análisis es contundente y viene de quien conoce el mercado ganadero: Víctor Tonelli, especialista y consultor del sector, advierte que el cambio no es pasajero ni responde a una moda. Es estructural.
De 82 a 45 kilos: la caída que lo dice todo
Hace seis décadas, cada argentino consumía alrededor de 82 kilos de carne vacuna por año. Hoy esa cifra ronda los 45 kilos. En el mismo período, el consumo de pollo y cerdo trepó de 12 a aproximadamente 70 kilos por habitante. El asado cedió terreno, y lo hizo ante adversarios más baratos y con oferta creciente.
La explicación no pasa por una elección de estilo de vida ni por tendencias saludables. Tonelli fue directo al respecto: el factor determinante es la relación de precios entre las distintas carnes y la disponibilidad de oferta en el mercado.
Sequía, stock ganadero y precios en alza
Detrás del cambio hay una cadena de causas concretas. En los últimos años, una fuerte sequía golpeó las zonas de cría y redujo el stock ganadero en cerca de 3 millones de cabezas. Menos hacienda disponible frente a una demanda sostenida significa una sola cosa: precios más altos.
En ese escenario, el consumidor no abandonó la carne; buscó alternativas. Y las encontró en el pollo y el cerdo, cuya producción no sufrió el mismo impacto climático y logró mantener precios más accesibles.
A eso se suma otro dato que refleja la presión sobre el mercado interno: el precio promedio de exportación de la carne argentina aumentó un 32% en dólares en apenas un año, señal de que la demanda internacional también compite por el mismo producto.
Sin recuperación a la vista
El panorama hacia adelante no invita al optimismo. Tonelli proyecta que el consumo de carne vacuna podría seguir cayendo en los próximos años, por dos razones que se retroalimentan: recomponer el stock ganadero llevará tiempo, y el poder adquisitivo de los salarios no muestra una recuperación suficiente como para revertir la tendencia.
Para los riojanos, como para el resto de los argentinos, el mensaje es claro: el asado del domingo se transformó en un dato histórico más que en una costumbre vigente. Y ese cambio, lejos de ser anecdótico, refleja el estado real de la economía de las familias.
