Justicia y memoria: identificaron a otro riojano desaparecido durante la dictadura

Cincuenta años después, la ciencia forense devuelve una identidad y una historia. Juan Carlos Soulier Guillén, nacido en La Rioja el 1° de noviembre de 1952, fue identificado entre los restos humanos recuperados en Loma del Torito, predio cercano al excentro clandestino de detención La Perla, en Córdoba. La confirmación llega gracias al trabajo sostenido del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y a décadas de búsqueda de su familia.

Quién era “El Negro” Soulier Guillén

De niño, Juan Carlos se mudó con sus padres y su hermano Luis a Córdoba, provincia donde también nació su hermana Julia. En La Rioja conservaba lazos con la familia Guillén, conocida popularmente como los “Churreros”. Electricista de oficio, era recordado por quienes lo conocieron como una persona alegre, de fuerte compromiso político y militancia social.

Formó una familia junto a Adriana Díaz Ríos. Tuvieron un hijo, Sebastián, que nació semanas antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

En agosto de ese año, el terrorismo de Estado lo alcanzó de lleno: Juan Carlos fue secuestrado junto a Adriana y a su hermano Luis. Desde entonces, su destino quedó en el silencio que la dictadura impuso a miles de familias. Su hermana Julia y su hijo Sebastián nunca dejaron de buscar la verdad.

Parte de una deuda histórica que se salda de a poco

La identificación de Soulier Guillén no es un caso aislado. Se suma a otras tres identificaciones de personas con vínculos riojanos, anunciadas en mayo de 2026: José Luis Goyochea, nacido en La Rioja y estudiante de Ciencias Económicas; Nélida Noemí Moreno, psicopedagoga y pareja de Goyochea, ambos secuestrados en Córdoba el 15 de agosto de 1977 con tres hijos; y Adrián Ferreyra, secuestrado en 1976 en el paraje Media Naranja y hermano del cantor y recitador riojano Carlos Ferreyra.

Todos ellos fueron recuperados en el mismo sector: Loma del Torito, ligada al circuito represivo de La Perla.

El EAAF lleva adelante un proceso sistemático de análisis antropológico y genético en ese predio. En marzo de 2026 se anunciaron 12 identificaciones; en mayo, otras 17. Los resultados continúan.

Memoria que interpela al presente

Cada identificación es, al mismo tiempo, una reparación y una denuncia. Confirma lo que el terrorismo de Estado intentó borrar: que estas personas existieron, militaron, amaron y fueron arrancadas de sus familias por la fuerza ilegal del Estado. Para La Rioja, cada nombre recuperado es también parte de su propia historia, una que no puede ni debe olvidarse.