El adiós que ningún argentino quería que llegara: Messi cerró su historia con la selección en un Monumental que se rindió a sus pies

Ochenta y cinco mil personas. Veinte años de historia. Un túnel, unos hijos corriendo adelante y los ojos brillosos de quien siempre tuvo la respuesta para todo. El 7 de octubre de 2026, Lionel Messi disputó su último partido con la camiseta de la selección argentina y el estadio Monumental fue el escenario elegido para un adiós que ningún guión pudo anticipar del todo.

No hubo forma de que algo resultara suficiente. Ni el estadio colmado, ni el video homenaje, ni la ovación, ni la vuelta al campo. Cuando se trata del mejor futbolista de la historia argentina, todo queda chico.

Una despedida que empezó horas antes

La fiesta no esperó el pitazo inicial. Desde las 17.30, con shows de cumbia y cuarteto, miles de hinchas comenzaron a poblar las tribunas mucho antes de lo habitual. A dos horas del partido, el Monumental ya tenía el 80 por ciento de su capacidad ocupada. Nadie quería perderse un detalle, un minuto, un recuerdo.

El clima fue de Mundial desde el primer momento: banderas de palo, cantitos conocidos y esas pequeñas ceremonias que el equipo fue construyendo en los últimos años. Rodrigo de Paul y Leandro Paredes con sus caramelos, el capitán bajando del micro en el mismo orden que durante la Copa del Mundo. Dibu Martínez recibió el primer reconocimiento masivo de la noche al salir al calentamiento.

El momento que nadie quería que terminara

Sin cartel electrónico por las refacciones del estadio, los hinchas no pudieron verlo llegar. Toda la ansiedad acumulada, toda la emoción contenida, estalló en unos pocos segundos: cuando Messi asomó por el túnel acompañado de sus hijos y los de sus compañeros.

Los fuegos artificiales, una camiseta gigante extendida sobre el césped, el himno interpretado por el veterano de Malvinas Fabio Santana y los aplausos al minuto 10 completaron una escena que difícilmente encuentre comparación en la historia del fútbol argentino.

79 días antes, Messi había conducido a Argentina hasta una nueva final del mundo, convirtiendo ocho goles. Llegó a esta despedida a los 39 años, todavía vigente, todavía candidato al Balón de Oro, todavía capaz de provocar lo mismo de siempre cada vez que tocaba la pelota. Su primer partido como local con la Mayor había sido en octubre de 2005, también en el Monumental, en un triunfo 2-0 ante Perú. El círculo se cerró en el mismo lugar donde empezó.

En este estadio marcó 19 goles y recibió algunas de las ovaciones más grandes de su historia con la celeste y blanca. La última quedará grabada para siempre. No hubo que apelar a los recuerdos de lo que fue: estaba ahí, presente, enorme. Y eso hizo que la despedida doliera más.

Messi se va después de haber ganado más títulos, jugado más partidos y convertido más goles que cualquier otro con la camiseta argentina. Se va habiendo jugado su mejor Mundial. Se va demasiado pronto.