Los Bolsonaro: décadas viviendo del Estado mientras prometen achicarlo

Brasil enfrenta una segunda vuelta electoral con Flávio Bolsonaro como favorito. El candidato agita la bandera del ajuste, promete recortar ministerios y reemplazar empleados públicos con inteligencia artificial. Pero la historia del clan que lidera contradice de raíz ese discurso.

Un apellido, un negocio político de décadas

Jair Bolsonaro pasó 28 años como diputado federal, entre 1991 y 2019, con apenas dos proyectos convertidos en ley. Antes, fue concejal de Río de Janeiro. Su trayectoria, lejos de ser la de un outsider del sistema, es la de un político de carrera que supo transformar su apellido en una maquinaria electoral.

En las elecciones del 4 de octubre pasado, cuatro integrantes de la familia fueron elegidos para el Congreso Nacional. Michelle Bolsonaro, la esposa de Jair y ex secretaria parlamentaria, fue elegida senadora por el Distrito Federal para el período 2027-2035. Carlos Bolsonaro, conocido por articular el llamado “Gabinete del Odio” en redes, acumuló siete mandatos consecutivos como concejal de Río de Janeiro y ahora suma una banca de senador por Santa Catarina. Jair Renan, el hijo menor, saltó de concejal de Balneário Camboriú directamente a diputado federal, también por Santa Catarina. Y Renato Bolsonaro, hermano del ex presidente, regresó a la función pública con una banca en la Cámara de Diputados por São Paulo.

El “tijeretazo” y sus contradicciones

Flávio Bolsonaro llama a su plan económico “Tesouraço”. Propone un recorte inicial equivalente al 1,5 por ciento del PIB brasileño, unos 37.700 millones de dólares. Su equipo económico habla de cerrar al menos diez ministerios, congelar salarios del sector público, pagar por horas en lugar de sueldos mensuales y usar inteligencia artificial para reemplazar agentes del Estado.

El problema es que el propio Flávio comenzó su vida laboral como empleado fantasma. A los 19 años, figuró como asistente técnico en la Cámara de Diputados en Brasilia mientras estudiaba Derecho en Río de Janeiro, a casi mil kilómetros de distancia. No lo declara en su currículum, pero sí aparece en su declaración impositiva.

Causas judiciales y el espejo de Milei

Flávio llega al balotaje bajo investigación de la Policía Federal por presunto lavado de dinero vinculado a un pedido de 25 millones de dólares a un banquero para financiar una película sobre su padre. También arrastra el expediente de la “rachadinha”, el desvío de salarios de asesores en la Asamblea Legislativa de Río, archivado cuando Jair asumió la Presidencia.

El paralelismo con Milei es explícito en su programa. Pero el propio equipo bolsonarista tuvo que salir a matizar ese vínculo: las noticias sobre el cierre de empresas y las colas de desempleo en Argentina generaron rechazo en el electorado brasileño. Debieron prometer que Petrobras, el Banco do Brasil y la Caixa Econômica Federal no serán privatizadas.

El diario conservador O Estado de S. Paulo fue directo en su advertencia: la candidatura de Flávio trae el riesgo de que las milicias parapoliciales, que él mismo defendió en discursos como legislador, escalen hasta el máximo nivel del Estado.

Brasil vota el domingo. El mundo mira.